jueves, 25 de noviembre de 2010

Sandra

Sandra es, corrijo, era una chica muy maja a la que conocímos María y yo en primer curso de carrera. Al rpincipio con cierta timidez pero poco más tarde ya teniamos ese tipo de confianza que se tiene cuando pareces conocer a una persona de toda la vida. Donde ya estabamos juntas todo el grupo Arpamalusa, a quien ella puso nombre.

Ella tenia problemas en su piso durante primer curso así que al final acabábamos pasando juntas la mayor parte del tiempo (juntas incluyendo a Maria). Miles de anécdotas hicieron de primero de carrera el lazo que nos uniría durante el siguiente curso, en Segundo donde decidimos compartir piso Sandra, Maria y yo. Entre las tres nos llevábamos bien, como en todos los sitios nos llevábamos bien mejor unas que con otras pero era algo circunstancial ya que a la semana siguiente podíamos haber hecho una especie de rotación en la ruleta. Por así decir, siempre teníamos una compañera a la que preferíamos confesar nuestros secretos, pero a la semana siguiente esa confesora cambiaba, es difícil de explicar, supongo.

A mediados del curso pasado Sandra comenzó a hacerse cada vez más arisca, huyendo de preguntas como ¿no tienes clase? Todos tememos problemas pero no debemos dejar que esos problemas nos impidan llevar una vida saludable, dentro de lo que cabe. Conoció a un chico y se fue, marcho primero en alma después en cuerpo. Y así es como acaba la historia de Sandra.

Una vez vino porque teníamos que hacer una cosa del banco, nos volvimos a reunir Maria, Sandra y yo y a contar anécdotas. Le pedí un beso de despedida cuando marchó, pero ella no retrocedió para concedérmelo, simplemente tomo rumbo hacia ningún sitio, lejos de toda reconciliación.

Adiós Sandra.

No hay comentarios:

Publicar un comentario